sábado, 26 de septiembre de 2020

NUESTROS CHOZOS TRADICIONALES RECONVERTIDOS EN PUESTOS CINEGÉTICOS DE TIRADOR

 

Los chozos, cubos o cubillos son unas construcciones de piedra que han servido tradicionalmente de refugio a los pastores en sus largas jornadas de pastoreo por el campo y la montaña. En La Mancha y en otros lugares de nuestro país, es fácil ver salpicados por el paisaje construcciones tradicionales de este tipo, edificaciones que forman parte de la etnología de nuestros pueblos; en definitiva, son una parte importante de nuestra cultura e historia.

En Albendea podemos ver un ejemplar de construcciones de este tipo junto al Llano de San Marcos, a unos dos centenares de metros de la antigua escombrera, edificio emplazado donde la tierra se quiebra y mira al Noroeste, hacia el valle del río San Juan y las casas de Albendea, que situadas sobre un altillo del terreno se atisban en lontananza. Pero en este caso, esta construcción de piedra y tierra no fue un refugio de pastores, que también pudo ser usado por estos profesionales del pastoreo y demás gente que, buscándose la vida en el campo, andaba todo el día de aquí para allá, sino un chozo guardaviñas, refugio contra las inclemencias del tiempo del guarda que cuidaba las viñas que se cultivaban en el llano, cuando ya los frutos de éstas habían madurado y estaban preparados para su recolección.

Se trata de una construcción de planta circular, de aspecto cónico, cubierta con una falsa cúpula, sin ningún tipo de ornamentación ni comodidad para quien se refugiase en él, construido con piedras toscas del terreno, unidas con argamasa de barro y yeso o cal. La puerta está situada al mediodía, de manera que su morador no sufriese los embates del viento frío del Norte, con una A grabada en la clave que cierra el tosco arco de la entrada, cuyo significado desconocemos.

Antiguamente en la mayoría de los viñedos de nuestro país los guardas de campo guardaban las vides para evitar robos cuando el fruto estaba a punto para su recogida. Vigilaban desde un altillo del terreno, que era donde se emplazaba el chozo, no sólo que la gente no entrase en los viñedos a robar la uva, sino también los ganados, que podían destrozar en un santiamén la cosecha de uvas de todo un año. Incluso tenían que espantar con gritos y aspavientos las bandadas de aves para que no se comiesen los preciados frutos del viñedo. Estos guardas eran contratados por los ayuntamientos, las hermandades de labradores, donde las había, o por los propios agricultores. No se solía perseguir el robo de racimos, siempre que la viña fuera abundante y escaso el número de demandantes furtivos de uva.

Cada guarda atendía la vigilancia de las tierras incluidas en su zona y disponía de estos pequeños chozos para refugiarse, descansar, comer e incluso dormir si fuera necesario. Había guardas que llevaban carabinas y disparaban cartuchos de sal o incluso podían poner multas por las infracciones cometidas, que podían oscilar entre las tres y catorce pesetas. Estos chozos de guardería empezaron a ser abundantes en el siglo XIX, aunque se tiene constancia de su existencia en nuestro país desde el siglo XVI.

Desconocemos cuándo se construyó este chozo de guardaviñas del Llano de San Marcos, aunque imaginamos que en la segunda mitad del siglo XIX o principios del XX. Hoy por desgracia se ha destruido en parte, extrayendo de él algunas piedras de su pared para hacerle un gran agujero y reconvertirlo en puesto de tirador cinegético para abatir desde su interior las piezas de caza que se pongan a tiro de la escopeta. Es una pena que no se conserve en su estado original, pues forma parte de la etnología de nuestro pueblo; es sin duda un documento de piedra vivo de nuestra historia y cultura, que sería obligado conservar en su estado original, recomponiendo aquello que se destruyó sin ningún respeto a lo que hicieron nuestros mayores y que bien merece la pena conservar.

En la zona de Cerralbo, mirando hacia el Noreste desde San Marcos, si seguimos el camino que conduce al valle del Guadiela y al Cuarto de la Mora, podemos encontrar otros dos chozos. El primero de ellos aparece sobre una eminencia del terreno, con su techumbre derruida, construido como el del Llano de San Marcos pero de mayores proporciones, usado posiblemente como refugio de pastores, pues aledaño a él aparecen los restos de un antiguo aprisco o redil de ganado, en el que bien pudiera el pastor guardar las ovejas mientras descansaba en el chozo.

Por debajo de este chozo queda otra construcción de este tipo, que en este caso conocemos, por los testimonios orales tomados a algunas personas mayores de Albendea, que servía de refugio al guarda que también vigilaba el viñedo que allí se había plantado. En este chozo, al igual que el del Llano de San Marcos, se ha destruido parte de su pared y también ha sido reconvertido como pozo de tirador, lo que es otro agravio y ataque a nuestra cultura y a la historia y gentes de nuestro pueblo. Pero para más inri, para preservarlo del tiempo, se ha enfoscado toda la construcción de cemento, cambiando por completo su aspecto externo y la obra original y poniéndolo de ejemplo de lo que no debe hacer jamás la barbarie humana.

Todos estos chozos son construcciones de un enorme valor etnológico y humano, que forman parte de nuestra historia y cultura. Son documentos vivos de piedra que nos hablan de una manera de vivir y de trabajar de las gentes antiguas de Albendea, una forma de sobrevivir de aquellos que nos precedieron, que a su vez fueron y son el origen y fundamento de lo que somos ahora nosotros. Por ello estamos obligados, tanto las instituciones públicas, como los propietarios y vecinos de Albendea, a instar su conservación y a recuperar su estado original, pues fueron una muestra de nuestro pasado y son una huella patente de nuestro origen presente. Esta arquitectura no monumental en el sentido más clásico de su adjetivo, como pueden ser las grandes catedrales, representa el trabajo, la lucha y el esfuerzo de unas gentes antiguas que intentaron sobrevivir en unas tierras alcarreñas que no siempre fueron feraces y fáciles para sus habitantes, pero que con ahínco y tesón consiguieron crear un modo de vida tradicional en Albendea, que no por arcaico haya de poner en olvido.

CHOZO DEL LLANO DE SAN MARCOS

PARTE POSTERIOR DESTRUIDA DEL CHOZO DEL LLANO DE SAN MARCOS

ARCO DE ENTRADA DEL CHOZO DEL LLANO DE SAN MARCOS CON UNA A EN LA CLAVE

DETALLE DE LA MAMPOSTERIA DEL CHOZO DEL LLANO DE SAN MARCOS

FOTOGRAFÍA DEL TECHO DESDE EL INTERIOR DEL CHOZO DEL LLANO DE SAN MARCOS
CHOZO DE PASTORES DE CERRALBO

EL CHOZO DE CERRALBO MOSTRANDO SU MAL ESTADO CON AMENAZA DE DERRUMBE
CHOZO GUARDAVIÑAS DE CERRALBO

CHOZO DE CERRALBO CON SU PARED DESTRUIDA

POZO GUARDAVIÑAS DE CERRALBO Y EL CUARTO LA MORA

 
ENTRADA DEL CHOZO GUARDAVIÑAS DE CERRALBO
CUARTO DE LA MORA, CON RESTOS DE HABITACIÓN HUMANA

 




 

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