domingo, 27 de septiembre de 2020

LA CANTERA DEL RINCÓN DEL MOLAR DE ALBENDEA

 

En el Llano de San Marcos, cerca de la antigua escombrera en la que también podemos ver una antigua gravera, encontramos un antiguo chozo guardaviñas, donde se refugiaba el guarda para proteger las uvas cuando estaban prestas para su recogida. Es un chozo con parte de su paramento destruido para ser reconvertido en un puesto de tirador de caza, lo que pensamos que es una auténtica barbaridad y un ataque a la arquitectura tradicional de Albendea, cosa que también ha sucedido en algún otro chozo de nuestro término municipal. Bien es verdad que se ha conservado en el tiempo, al contrario que ha ocurrido con muchos otros edificios, como tinadas y corrales de ganado, cortijos, molinos, almazaras, etc., motivo por el que quizás haya que dar las gracias a sus propietarios. Pero creemos, y así lo dicen también las normas de conservación del patrimonio cultural, que romper parte del muro tan añoso de estos edificios para convertirlo en otra cosa que no ha sido nunca, es un auténtico disparate, pues transforma aquello para lo que sirvió y aquello que ha durado tantos años en su aspecto original.

Imaginemos la Mezquita de Córdoba transformada en un hotel, para lo que habría que destruir y transformar parte de su estructura. O la Ermita Mausoleo de Llanes convertida en una casa rural o su cripta destruida para ser convertida en una bodega. Desde luego serían auténticas atrocidades, lo que creemos que ha ocurrido con nuestros chozos, pues han perdido la esencia y fundamento de su construcción original.

Si desde este chozo dirigimos la mirada hacia Albendea, a poco más de una veintena de metros, en un estrato inferior del terreno, iniciado ya el descenso hacia el valle del río San Juan, hallamos otra curiosidad etnológica de nuestro pueblo, que, valga la redundancia, es verdaderamente curiosa. En el llamado Rincón del Molar podemos ver una cantera de piedras de molino en la que se conservan unas ruedas de molino harinero excavadas y modeladas en la roca caliza, una de ellas completamente extraída de la madre tierra, presta para ser transportadas a los molinos harineros de la zona.

Se conoce la existencia de varios molinos en el cauce del río San Juan, uno de ellos en la zona denominada el Parral, que pertenecía al Concejo y estaba arrendado en 1754 por un tal Francisco Parques, por el que pagaba diez y ocho fanegas de trigo, y otro denominado de la Vega, con varios propietarios, que molían ambos sólo con el agua previamente almacenada en una presa, pues el agua del río San Juan ni da, ni ha dado nunca, excepto crecidas por lluvias torrenciales, para más. En el río Guadiela y el Escabas había también varios molinos, uno en La Ruidera, del que no queda nada, al menos que sepamos, y otro en Las Juntas, en el río Escabas, poco antes de unir sus aguas al Guadiela, del que todavía se puede ver algunos restos del dificio y la acequia por donde entraba y salía el agua del molino, en este último caso con su arco bien conformado de medio punto.

Pero estos molinos con el tiempo perdieron su funcionalidad, por lo que las piedras quedaron allí perennes, como otra muestra más de nuestra cultura, de un antiguo oficio, el de cantero de piedras de molino, y como recuerdo y homenaje a las gentes que en el pasado vivieron en nuestro pueblo. Esperemos que la mano del hombre no destruya nunca estas piezas únicas de Albendea, ni quiera extraerlas su propietario del lugar donde se fabricaron para reconvertirlas en otra cosa diferente a lo que son actualmente, y se guarden allí siempre para engrandecer el patrimonio del pueblo.

Para dar forma y extraer estas muelas en bloques cilíndricos, el cantero trazaba primeramente una circunferencia sobre la superficie de la roca, tallando alrededor un surco que había que rebajar hasta alcanzar el grosor deseado para la muela. Eran dos los métodos usados para separar el bloque de la roca madre. El primero consistía en introducir cuñas de madera en todo el perímetro del surco y posteriormente echar agua para dejarla helar, hielo que rompía la roca al alcanzar un volumen mayor que el agua introducida, de manera que esta dilatación del agua y de la madera ejercía una presión que separaba la muela de la roca base. El segundo método consistía en picar varias entalladuras en V por la base perimetral del surco y se ponían cuñas de madera solapadas por dos pletinas de hierro que permitían su deslizamiento. Al ser golpeada de forma alterna con una maza la muela se desprendía de la roca madre. Finalmente se tallaban y labraban las caras de las muelas, realizando el orificio central pasante, en el que irían el buje y el árbol del molino.

Las medidas de las muelas de los molinos harineros solían tener dimensiones que oscilaban de 0,90 a 1,80 metros de diámetro; y de 0,25 a 0,45 metros de grosor, llegando a pesar algunas hasta 1.500 Kilos. La muela extraída de este rincón del molar, ya con su eje horadado completamente, tiene un diámetro de 1,50 metros y un grosor de 25 centímetros. Las otras tres muelas modeladas, aunque no llegaron a ser extraídas por completo, miden 1,40 de diámetro y su anchura es de 40 centímetros. Se marcaron otras tres más sobre la placa de roca caliza, cuya forma es fácil de atisbar, pero sin que el cantero comenzase su talla.

Cuando estas muelas se transportaban al molino se realizaba el rayado o picado definitivo en las caras de contacto de las muelas. Cantero y molinero hacían esta operación y colocaban fija la piedra solera y sobre ella la volandera de tal manera que entre ambas hubiera un cierto espacio, pues las piedras debían moler, no machacar ni quemar el grano por altas temperaturas.

Este Rincón del Molar, con estos restos arqueológicos de carácter industrial, es sin duda un excepcional sitio de interés para el municipio de Albendea, pues muestra una antigua industria y un antiguo oficio, el de cantero de muelas de molino, que existió en Albendea en el pasado, con un gran valor cultural para nuestro pueblo. Esperemos que las autoridades municipales y regionales reconozcan este valor y protejan y señalicen la zona algún día, pues, al igual que los chozos guardaviñas y de pastores que conservamos en Albendea, es uno de esos lugares que merece la pena conservar y difundir, como muestra de la cultura y etnología de todo un pueblo, para disfrute de las gentes presentes y de aquellas que han de venir en un futuro.

Esperemos que esta zona se habilite como sitio de interés etnológico que lo es, para que todos los vecinos del pueblo y todos aquellos visitantes interesados puedan acudir a contemplar los restos de una cantera única en el término municipal de Albendea y posiblemente uno de los pocos puntos similares que todavía existen en la provincia de Cuenca. Este Rincón del Molar nos muestra lo que fue el trabajo de los canteros de molino de los siglos pasados, donde lo ejercían (en este caso en el mismo campo) y la importancia que tuvieron los molinos harineros en nuestro pueblo, en algunos casos con bastante escasez de agua, como ha sido siempre el cauce del río San Juan.

EL RINCÓN DEL MOLAR, CON LAS CASAS DE ALBENDEA AL FONDO
MUELAS ADHERIDAS A LA ROCA MADRE


ROCA EXTRAIDA DE LA ROCA CON SU EJE CENTRAL FORMADO COMPLETAMENTE
MUELAS DE MOLINO QUE NO LLEGARON A EXTRAERSE
 

 

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